Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública (AVPIOP)

El patrimonio industrial

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 A nadie se le oculta el hecho de que nuestra historia reciente se halla inexcusablemente vinculada a la industria, a las fábricas, a las actividades económicas directamente ligadas a la producción de materias básicas, bienes de equipo y de consumo.

La actividad industrial capitaliza la imagen histórica del País Vasco en los dos últimos siglos, ha sido motor de su expansión y del devenir económico que informa el desarrollo y la formulación de la sociedad actual. El patrimonio material heredado de este proceso de alguna forma singulariza al País Vasco y por ello debe ser considerado como una seña importante de su identidad.

Así, el patrimonio industrial, lo industrial, debe entenderse como un objeto amplio que abarca no sólo los inmuebles, estructuras arquitectónicas y maquinaría de producción, sino también las vías de transporte y comunicación, a través de las que llegaban las materias primas y se comercializaban los productos, las residencias, centros asociativos y asistenciales de los trabajadores, los servicios públicos y, en última instancia, los propios paisajes modificados por la actividad extractiva e industrial.

 

El Museo

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La Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública nació en 1984 bajo la denominación de “Asociación de Amigos del Museo de la Técnica de Euskadi”. Por tanto, la demanda de un Museo de la Industria en Euskadi ha sido inherente a la propia existencia de esta Asociación.

Todas las naciones industrializadas han creado instituciones destinadas a mostrar su potencia tecnológica y productiva que gozan del favor del público. Ciudades como Londres, París, Munich o Milán cuentan con museos de este tipo, algunos de ellos ya bicentenarios. A nivel estatal, Cataluña muestra orgullosa desde 1982 su Museu Nacional de la Ciència i de la Tècnica en Terrassa.

Lamentablemente, después de casi 30 años, Euskadi todavía sigue sin tener un museo de referencia que recoja el rico patrimonio mueble que ha ido jalonando un camino de dos siglos de industrialización sirviendo, a su vez, de enlace con el esfuerzo presente y la voluntad de futuro de creación científica, tecnológica e industrial vasca. Se trata, sin duda, de una de las principales carencias de la política cultural de este país. Una carencia imperdonable que interpela a la responsabilidad institucional y al compromiso de empresas, particulares y colectivos que debemos confluir en un proyecto común.