¿Sabias que...

... en Euskadi hay una grúa con nombre de mujer? ¿Sabes dónde? ¿Sabes por qué?

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La Grúa Carola comenzó su andadura el 20 de agosto de 1954. La construcción de embarcaciones con cascos de  acero se realizaba prácticamente como la secular de madera pero con distintos materiales. Una vez colocada en la grada de construcción la primera pieza, la quilla, se encajaban las cuadernas, piezas grandes y curvas que forman el esqueleto del buque. El papel de las grúas en las gradas de construcción consistía en acercar al costado del buque que se estaba construyendo los perfiles de hierro, las cuadernas, o las chapas para el forro del casco y sostenerlas mientras se acoplaban una a una y con infinitos remaches.

A comienzos de los años 50 la soldadura sustituyó a los roblones en el montaje del casco. Se comenzaron a soldar las planchas en tierra y ensamblar estos elementos en la grada de construcción, con lo que el peso de la carga era muy superior al de las piezas individuales. Con esta innovación se hizo necesaria la presencia de grúas de mayor capacidad de carga. Fue ésta la primera grúa de gran potencia que se construía en España.

Fue instalada en la cabecera de la Grada Número 1 y su trabajo consistía en levantar, trasladar, voltear los elementos del casco o maquinaria que se habían elaborado en los talleres y acomodarlos al buque. También colocaba las rastras de retenidas para las botaduras, y al ser móvil sobre vías, ayudaba en cualquier otra tarea que requiriera gran potencia.

La carga máxima que podía levantar era de 30 toneladas a radio mínimo, 10 metros, y a velocidad mínima, cuatro metros por minuto.

Desde su cota máxima, cerca de 60 metros, se podía observar cómo todas las tardes atravesaba el bote de pasaje de La Misericordia una joven hechicera de grúas, que paralizaba la factoría. Su figura, la de la grúa, gallarda, desenvuelta y altanera, recordará la de esa mujer que silenciaba las remachadoras a su paso y que dejó su nombre como testigo, La Carola.

Luego superada tecnológicamente por ejemplares más sofisticados, la Carola permaneció en activo hasta el mismo cierre de los Astilleros Euskalduna. Su compra por parte del Ayuntamiento de Bilbao (1990) y su posterior cesión a la Diputación Foral de Bizkaia con la condición de que permaneciese en terrenos de Abando-Ibarra, permitió salvaguardar un hito tecnológico y, lo que es más importante, un expresivo icono de un paisaje industrial pretérito.